El sistema de partidos español o la muerte del individuo
El pluralismo político como base de la democracia
Cuando en 1978 los españoles, o los ibéricos, o los ciudadanos del estado español, votaron un texto, el preámbulo de ese texto, ergo entendemos que la parte mas importante, decía que uno de los valores fundamentales del estado social y democrático de derecho que es el español, es el pluralismo político. El pluralismo político vendría a ser la existencia de una pluralidad, cuando pluralidad significa al menos mas de uno y preferiblemente muchos más de dos, de organizaciones políticas, de ideas políticas, de concepciones de lo qeu es y no es bueno. Una pluralidad de formas de ver el mundo.
Esta pluralidad podría entenderse, tanto en el plano civil, como en el plano político. La sociedad debería ser plural, también debería serlo el panorama político. El pluralismo político, a más de ser tal vez la columna vertebral de la democracia, es enormemente enriquecedor, pues, bien llevado, es decir, llevado por personas tolerantes y respetuosas, significa enriquecimiento mutuo mediante el contraste de puntos de vista diversos, el debate constante, la existencia habitual de los temas políticos en la vida cotidiana de los ciudadanos. Hablamos también, de ciudadanos que participan en la vida política que trabajan por lo que realmente creen.
Pero mas adelante, en el texto constitucional, se habla de los partidos políticos. Los partidos políticos aparecen en el texto como la forma fundamental de participación. Muy bien! Además de haber personas interesadas en la política, esas personas de organizarán. Así, todas aquéllas personas qeu tengan ideas convergentes, se asociarán en organizaciones desde donde defenderlas ¿no es cierto?.
El problema aparece tal vez cuando llegamos al capítulo en que se habla de la forma de elegir a los representantes. No querría acusar a los constituyentes-nada más allá de mi intención- de haber deshecho de mala fe todo lo que hicieron en los artículos anteriores. Existen análisis que, además, concuerdan con la realidad, que demuestran que la ley electoral y de hecho el titulo de la constitución que habla de las elecciónes, es anticonstitucional. Esto, sin duda una blasfemia jurídica con objeto de causar un golpe de efecto, es facilmente comprobable. Partiremos de lo siguiente para hacer nuestro análisis: el sistema electoral tal como existe hoy, tiene una serie de consecuencias:
a) El voto disperso queda marginado aunque sea numeroso, de la representación
b) Este sistema favorece la concentración de los partidos fomentando un bipartidismo imperfecto
c) El bipartidismo es imperfecto porque los partidos pequeños pero con una concentración de votos grande pueden lograr una representación proporcionalmente aberrante respecto de los otros partidos con menor concentración y mayor numero de votos.
El sistema de concentración y la disciplina de partido:
Un sistema bipartidista es por definición un sistema de concentración política. Es decir, en estos casos, los partidos pequeños desaparecen formando otros mas grandes o integrándose en ellos. Esto se debe a qeu normalmente estos partidos se dan cuenta de qeu pueden lograr mas cosas integrándose en un partido grande, que individualmente donde, a menos que se supere una barrera determinada, es imposible lograr un diputado. Además, esto engendra un efecto en cadena. El partido de concentración se hace cada vez mas grande, por tanto mas poderoso, económica y socialmente, y es cada vez mas complicado que un partido pequeño entre dentro del juego político. En este sentido, presenta similitudes con los sitemas económicos de competencia bajo la forma de oligopolio.
Hasta aquí nada parece perjudicial para la democracia. Los partidos son solamente mas grandes. Tendrá ventajas suponemos, porque así estarán mas organizados, gozarán de mayor calidad técnica, etc... Pero, los inconvenientes son realmente exorbitantes de lo qeu parece razonable.
Recordemos que los partidos desarrollan una influencia social e ideológica. Los partidos tiñen polícamente la sociedad o si queremos, la sociedad tiñe políticamente los partidos. Así, los partidos desarrollan estructuras de poder dentro de la propia sociedad, en los medios de comunicación, en la administración pública, en el poder judicial, en las relaciones entre patronos y trabajadores... Todos están llamados a posicionarse políticamente. Cuando esto se produce con una pluralidad de partidos muy importantes, es posible pensar que son los individuos los que controlan al partido. Cada partido es lo que sus militantes piensa. El partido es pequeño y no existe una distancia incomunicativa entre los cuadros y los militantes de base, existen distintas tendencias dentro de toda la sociedad porque existen varios partidos, ningún partido es percibido como « el gran enemigo a combatir » por ningún otro partido, porque en todo caso será pequeño. Cada ciudadanos podrá elegir el partido que mas se adapte a su pensamiento, porque la oferta para elegir es grande.
Sin embargo, cuando la oferta es tan reducida como lo es, donde uno solo puede elegir entre dos, a lo sumo tres opciones políticas el escenario cambia. Es entonces cuando la disciplina de partido adquiere su lado mas siniestro. Es entonces que las posiciones políticas se reducen, la oferta política se reduce. Los partidos engordan de tamaño, y esto produce una distancia insalvable entre los militantes de base y los cuadros que, en la práctica, se traduce en un falseamiento de la democracia interna. Aparecen los animales de partidos, que son aquéllas personas que dedican su vida al partido, que están tan metidas en el partido que forman parte de él, están anuladas por él. Para colmo solo esas personas pueden llegar a algo dentro del propio partido. Se desarrollan auténticas situaciones de aristocracia de partido, donde existen barones que son las cabezas pensantes qeu dirigen a otros. En este sentido, el partido es el que realmente toma el control de los individuos que están afiliados. Esta situación hace que el número de afiliados, de interesados a la política descienda en picado dando lugar a un divorcio entre la clase política y la ciudadanía.
Pero junto a estos modelos de macropartidos, surgen otras estructuras que se integran dentro de ellos. En primer lugar, cabe hablar de los grupos de presión, o lobbys. Los lobbys, fundamentalmente los medios de comunicación, toman entonces el control de los partidos o tal vez sean los partidos los qeu toman el control de los lobbys. Los lobbys son obligados a posicionarse a cambio de toda clase de ventajas, y la disciplina de partido se extiende, mas allá de dentro del propio partido, incluso a los medios de comunicación que no tienen ya la labor de informar, sino la defender al partido. A la vez, los partidos desarrollan estructuras de clientelismo en otros sustratos de la sociedad, como el poder judicial o la administración pública. Cuando hay un cambio de gobierno, los adheridos formal o informalmente al partido ganador suben en sus puestos, el consejo general del poder judicial está entonces contaminado de la influencia de los partidos, como lo está también el funcionariado. La universidad, el último remanso de independencia, se ve también politizada donde los profesores abdican de sus convicciones en favor de un puesto mejor. En este sentido, la intelectualidad se ve mutilada, incapaz de expresar sus opiniones, incapaz de sobrevivir frente a la disciplina de partido.
Pero este modelo de partido tiene una consecuencia, si cabe, mas grave aún. La perversión del principio de división de poderes. El partido lo absorbe todo, pero siempre y primer lugar las estructuras políticas. El parlamento y el gobierno son controlados entonces por un mismo ser: el partido. La división de poderes, las relaciones de control entre el parlamento y el gobierno pierden todo su sentido. La ley deja de ser una expresión de la voluntad general, pasa a ser una expresión de la disciplina de partido. Todas las estructuras jurídicas destinadas a asegurar el correcto funcionamiento de cada uno de los poderes, su independencia aparecen entonces pervertidas.
En el plano electoral, el ciudadano ve su capacidad de representación auténtica muy reducida. Al existir una distancia tan grande entre el partido y el ciudadano, al existir solo dos opciones, el ciudadano tiene que comulgar con la totalidad de una de las dos opciones. El voto es entonces un auténtico cheque en blanco para el partido. La voluntad popular se ve de esta forma falseada puesto que el ciudadano no puede expresar su voluntad, solo elegir a quien la expresará por él, el cual, podrá hacerlo o no hacerlo. Los ciudadanos de una determinada tendencia solo tienen dos opciones: votar al partido de esa tendencia, o no votar, sabiendo qeu votar es estar a favor de todo lo que promulga ese partido y lo mas endemoniado es, que es imposible saber con que cosas no estaba de acuerdo a pesar de haber dado el voto.
Finalmente, los ciudadanos de a pie se ven también afectados por esta realidad. Puesto que todo lo que les rodea está llamado a tomar posición, aún cuando el ciudadano medio presume de ser apolítico, cuando tiene opiniones políticas, se adhiere a las que son expresadas por aquéllos que se dedican a la política (entendemos política en el sentido amplio, el periodismo es política, por ejemplo). Como no hay una pluralidad de opiniones, el ciudadano medio debe elegir entre una de las dos a las que adherirse. Los ciudadanos tienen que, o declararse apolíticos, o tomar partido por una de las poco numerosas opciones. La libertad ideológica se ve entonces mutilada, la participación política reducida, todo ha sido consumido por el partido.
Este sistema bipartidista produce entonces un auténtica radicalización social en torno a las discplinas de los grandes partidos. No existe debate, existe enfrentamiento. Los grandes partidos cierran filas en torno a si mismos y atacan dualisticamente al otro. Los terceros en discordia son ignorados o aniquilados. El ciudadano debe estar con ellos o contra ellos, no hay lugar para estar paciarlmente de acuerdo, no puede haber discrepancias. No es entonces consenso, sino batalla, una batalla en la que solo puede ganar uno. Existe una auténtica bipolarización social a favor o en contra, pero, totalmente a favor en contra, siempre totalmente.
Alguien qeu leyera la constitución y luego escuchara los medios de comunicación, pensaría que en españa solo existen dos clases de personas, solo existen dos opiniones, hay un dualismo absoluto.
La función de las terceras fuerzas: los partidos nacionalistas:
Decíamos qeu el sistema español es un bipartidismo imperfecto. Imperfecto porque efectivamente, existen posibilidades de que partidos poco numerosos lleguen a ser algo. En estos casos, estos partidos deberán tener una gran concentración circunscripcional de votos. Hablamos por ejemplo de los partidos nacionalistas que son los principales beneficiarios de esta cuestión.
Los partidos nacionalistas son partidos que por su naturaleza se concentran en una determinada región del territorio, y por ende, solo defienden los intereses de esa región. Por otra parte, no existen partidos nacionalistas en todas partes, sino solo en comunidades con reivindicaciones nacionalistas. En este sentido, los partidos nacionalistas son partidos pequeños especializados en un determinado grupo, no generalistas. Pueden estar cerca de ese grupo social, su electorado, ideológicamente identificado y con pocos efectivos recoger muy bien las demandas. Aparecen entonces como modelos de partidos muy interesantes, puesto que están próximos al ciudadano, son pequeños, hay auténtica democracia interna y no hay divorcio entre los cuadros y la base.
Sin embargo, los partidos nacionalistas defienden intereses de solo una parte de la población. Solo defienden los intereses de un determinado territorio, ergo, tratan de forma desigual a los de otros territorios respecto a los del suyo propio. Esto, como veremos a continuación riza el rizo de la perversión de nuestro sistema.
Cabe preguntarse ¿que posición ocupan los partidos nacionalistas dentro del panorama político? Pues bien, los partidos nacionalistas ocupan la posición de tercera fuerza. Incluso, pueden hacer un frente común entre sí dado qeu registran numerosas coincidencias en puntos muy importantes. Que ocurre? Pues los partidos nacionalistas aparecen como un grupo sustraído al enfrentamiento existente entre los dos grandes partidos, y con quien estos dos grandes partidos tienen que pactar para lograr la mayoría absoluta en el congreso. Así, el voto del partido nacionalista puede aparecer, como ocurre ahora, como tan indispensable como el del partido mayoritario al adoptar una ley o aprobar una propuesta y ambos partidos (el nacionalista y el mayoritario) están en pie de cuasi-igualdad a la hora de negociar Aún cuando su número de diputados sea muy reducido, su poder de negocación es total, su capacidad de presión absoluta, y en definitiva, su capacidad de representación desproporcionada a su número de votos.
El resultado de este poder tan desproporcionado es entonces que estos partidos tienen la capacidad de beneficiar a sus comunidades, a su electorado que recordemos, está muy bien identificado sociológicamente hablando puesto que se circunscribe a un territorio concreto, quedando entonces este electorado sobre representado sobre todos los demás. Esto crea una situación de flagrante desigualdad representativa, donde los ciudadanos que son representados por los grandes partidos se ven subrrepresentados, puesto que en situaciones de mayoría relativa, los grandes partidos y los partidos nacionalistas se ven puestos en pie de igualdad. Por otra parte, el electorado del partido nacionalista tiene mas facilidad para transmitir sus demandas al partido del que tiene un partido mayoritario, y esto hace que la diferencia aumente aún más.
Lógicamente, en un sistema de partidos pequeños, estos partidos nacionalistas también existirían, pero al existir otras fuerzas posibles con las que pactar, su poder de negociación se vería sustancialmente reducido, quedando, como ocurre en italia por ejemplo, como fuerzas marginales y sin gran importancia a la hora de negociar.
Conclusión ¿es posible otro sistema?
La pregunta que deberíamos formularnos es, ¿cual es la alternativa? El régimen de partidos ha demostrado ser la única forma de gobernar una sociedad como la nuestra, sin embargo, el régimen de partidos puede tener diversas variantes. Es posible que el partido goce dentro de sí mismo de democracia interna y los notables sean realmente independientes entre sí (como ocurre en USA o en Reino unido). Eso soluciona los nefastos resultados de la disciplina de partido. También es posible que exista una pluralidad de partidos, como ocurre en Italia. Estos partidos no están entonces agrupados en dos frentes, sino que el posicionamiento de las fuerzas de centro puede variar hacia la izquierda o la derecha. Se trata, de sistemas inestables, claro, pero decidir por consenso es la base de la democracia y el consenso, la discusión y el debate, siempre se llevaron mal con la estabilidad.

6 comentarios:
La constitución y la ley electoral se diseñan precisamente para que el sistema de partidos sea así: dos partidos, centro izquierda y centro derecha, que tienen que gobernar a menudo con apoyos de los nacionalistas.
Y se hace así por una buena razón. Se evitan coaliciones inestables, se obliga que los dos partidos grandes busquen el centro político (por eso siempre están acusando al otro de extremista, por cierto), y hacen que la asignación de responsabilidades mediante echar al que manda sea fácil (cambias de PP a PSOE y listo).
Sí, es un sistema que premia la estabilidad por encima de todas las cosas, pero lo hace conscientemente. Por cierto, cosas como la democracia interna de los partidos están sobrevaloradas.
Ah, y los partidos en EUA son cada vez más disciplinados, y en el Reino Unido también.
8:54 AM
Tu explicación da muchas cosas por hechas, como la concentración de poder en manos de los partidos, o el papel de los lobbies, que no se ajustan a la realidad.
Ah, y sobre los nacionalistas, si tanto se aprovechan, parece mentira que tras 25 años el sistema de financiación autonómica sea aún tan perjudicial para las comunidades ricas. Recuerda que el País Vasco y Navarra consiguen el que tienen en la transición con el apoyo de todos los grupos.
8:59 AM
Vayamos por partes:
"La constitución y la ley electoral se diseñan precisamente para que el sistema de partidos sea así"
Difiero. No creo qeu nadie votara la constitución en el 78 pensando qeu se establecía un sistema como el actual. Es cierto que se toma una opciónpor la estabilidad, pero no se previó el auge de los partidos nacionalistas que aquélla época solo eran minoría catalana y alguno más.
IU y CDS propusieron en tiempos varias veces que el número de diputados se aumente a los 400 que permite la constitución y esos cincuenta adicionales se atribuyeran a los restos permitiendo así compensar un poco la locura de sistema electoral que tenemos. El pp y el PSOE pactaron para destruir la opción de centro en españa y denegaron una y otra vez todo aquéllo.
Soy demasiado joven para recordarlo exactamente, pero, en las últimas legislaturas del psoe con felipe, en la primera de jose maría aznar y en la actual legislatura los partidos nacionalistas codecidían con el gran partido en igualdad de condiciones. No sé decir cuales fueron los hechos concretos a la época, pero si sé cuales son los hechos concretos hoy: ERC es puede decidir, matieralmente y en la práctica si una reforma sale o no adelante, sin ella no hay presupuestos, no hay leyes posibles de ninguna clase. Esto no es estabilidad, estabilidad sería un bipatidismo imperfecto.
En Italia funciona, hay coaliciones de muchos partidos pequeños. En españa se optó por otra cosa "montesquieu a muerto" dijo alfonso guerra. En francia el sistema es realmente estable: es un sistema presidencialista donde le presidente tiene un poder muy próximo al del rey en la restauración. Eso es estabilidad. Los votantes votan realmente a la persona o al icono y eso se corresponde con la realidad.
Soy lo suficientement malo en número como para ponerme a explicar la ley d'hondt aquí, además me da mucha mucha pereza... pero hay estudios que demuestran que eso es verdad. Este verano en el país salió un artículo de un tipo que no me acuerdo cmo se llama que analizaba esta cuestión. Había escrito un libro que se llamaba "como votamos". Pero lo que si sé es la experiencia: IU nació como una concentración de partidos, el psoe está formado por muchos partidos escindidos, reagrupados, que si bien a desaparecido en la práctica, si existieron en su día. El pp está formado por restos de otras cosas, recordemos de AP no se comía un rosco en tiempos.
En cuanto a que el partido lo abarca todo, creo estar en lo cierto, en mi familia todo el mundo es funcionario, creo saber como funcionan las cosas en la administraciíon,. Mi madre, mujer afín al psoe estuvo ocho años en unpuesto de mierda, cuando el psoe llegó al poder la ascendieron considerablemente. Los lobbys como prisa por ejemplo, no han tardado en reclamar su parte del pastel al gobierno, como ya lo hicieran las razón o el ABC con aznar. Esto es clientelismo político. Esto se evitaría si no hubiera un solo partido en el gobierno que no tendría un poder tan absoluto.
Sin embargo, creo que nuestro sistema tiene graves deficiencias respecto a otras. El partido socialista no es realmente un partido de masas, lo sé, pero si es un partido que influye en la sociedad a través de prisa, a través de las agrupacones afines, los grupos... Como tu dices de carteles, pero eso es muy grave. Tienes que aceptar en masa el programa de uno delos dos, tu opinión se ve mutilada a decir si o no. No puedes decir si a que urdacia se vaya, a que los homosexuales se puedan casar, y no a que saquen el estatuto adelante: es un cheque en blanco para el que llega. Eso no es democracia ,creo yo al menos
A mi me gustaría poder votar a un partido de izquierdas de tendencia jacobina, como sé que hay gente en el pp que preferiría votar a un partido liberal en lo económico y progresista en lo social, como sé que hay gente en el pp que preferiría votar a un front nactional española.... Toda esa gente no puede decidir, no se siente representada, ergo deja de interesarse a la política y, claro, eso produce que los ciudadanos no se afilien a los partidos con la consiguiente desvalorización de la democracia interna
Es cierto que esto ocurre en otros sitios, pero el efecto es mas tenue. En francia mismamente, el apogeo del presidencialismo,lso grandes partidos funcionan democratica y transparentemente, tienen varios candidatos cada uno. No sé, realmente a veces tengo la impresión de el nuestro es el peor sistema posible...
8:53 PM
Justamente pones como ejemplo virtuoso los dos sistemas de partidos más disfuncionales de Europa.
Francia es un desastre. Desde los 80, nunca un partido ha sido capaz de ganar dos elecciones legislativas seguidas. La élite política francesa es de lejos la más lejana a los electores de Europa, con partidos que no son más que vehículos para el personalismo de unos y otros. Aparte de eso, la ley electoral es hipermayoritaria, mucho más que la española.
Italia es también un desastre. Si no te gustan las coaliciones, Italia es el peor ejemplo que puedes tomar. Hay cuatro partidos en el gobierno, ahora mismo, y la izquierda como bloque tiene aún más. Y también tienen sus nacionalismos.
En Madrid, por cierto, no ha habido gobiernos de coalición, ha habido gobiernos en minoría con pactos parlamentarios. Y por mucho que el PP lo diga, el partido pequeño no tiene poder de veto. Tiene influencia, pero no dicta la política económica, ni mucho menos; compara las paridas de ERC con lo que hace Solbes, son dos mundos distintos.
Un sistema parlamentario se basa en crear mayorías, y para ello las minorías deben ser incluidas. Guste o no, hay minorías nacionales en España, y la izquierda no suma mitad+1 de ningún modo si no es con ellas a bordo ahora mismo. El país es como es; uno tendría que hacer una ley electoral muy absurda (circunscripciones mayores que la provincia, y eso implica cambiar la constitución) para conseguirlo.
11:18 PM
Por cierto, sé de buena tinta que la ley electoral se hace aposta para sacar un sistema de partidos con dos partidos "y medio". Se busca la estabilidad, competencia clara, y que los dos partidos grandes deban moderarse para buscar el centro, y que deban escuchar los muy desconfiados nacionalistas.
Que por cierto, sacan la misma proporción de voto agregado, con muy pocos cambios, que en 1978. No han ganado peso.
11:21 PM
Precisamente estoy de acuerdo contigo. No me disgustan las coaliciones, me parece que están bien, lo que me disgusta es que las minorías tengan un poder sobredimensionado a su representación... Precisamente me gustaría que hubiera mas coaliciones, mas sumas de mayorías, mas coalición de intereses, mas debate y menos confrontación, menos radicalismo, menos dualismo...
Efectivamente, los partidos nacionalistas tienen la misma proporción de votos que de representantes, pero, son los únicos que pueden lograrlo fuera de los dos grandes partidos y la excepción de izquierda unida, con lo que tienen el poder de decidir hacia que lado se inclina la balanza. Si en la realidad no lo deciden, es porque no quieren o porque tienen miedo de poner de acuerdo al psoe y al pp. Sin embargo, te pondré un ejemplo claro de gobierno en minoría: cantabria, el presidente del gobierno cantabro pertenece a una tercera fuerza.
En italia, hay nacionalistas, pero no tienen tanto poder como en españa porque los partidos pueden pactar con otros y no con ellos. Si en españa no existieran dos partidos mayoritarios sino una docena, los partidos nacionalistas no obtendrían ese poder de negociación qeu tienen o pueden tener.
2:12 AM
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